Corro y corro no sé cuánto tiempo llevo así,
ni tampoco cuanto más seguiré. Mi corazón se acelera y una presión siento en mi
pecho como si los árboles se vinieran encima. Una serpiente se arrastra desde
mis pies, pasando por mi estómago y mente, pero ella no me aterra, sino una sensación
de que él está siempre presente, detrás mío, sigo corriendo, no sé a dónde voy,
solo sé que debo correr, mis pies tienen vida propia, ya que mi mente no los
maneja, he llegado a una calle oscura vacía, pero a la vez llena de gente que
me miran ojos penetrantes, que me inestabilizan, que me quitan el cerebro a
pedazos. Me doy vuelta y él está ahí, me mira, pero su
mirada es diferente a la de los demás, su mirada me lleva a la muerte, a la
muerte de mis sentidos, de mis sensaciones, se va y yo hago lo mismo, lo sigo.
Algo se llevó de mí con su mirada y lo quiero de vuelta, tengo la sensación de
vacío, de nada, de que hay piel en mí y nada más.
Pasa por un puente, sigo por ahí, pero el puente se extiende como la serpiente
que asecha, esta me indica que me lancé al vacío y miro, y entre más miro, más
me llama. Quiero ser feliz en este salto donde la adrenalina sea tan grande que
mi cuerpo lo destruya y yo vuele como un ave en tranquilidad, pero más adelante
lo veo nuevamente y la serpiente desaparece. Comienzo a correr, mi alma empieza
a gritar, siento que dejo parte de mí por donde paso.
Mi cuerpo y mi mente se han conectado con él,
él sabe que voy detrás, como una locomotora lleva su carro, que me arrastra
hacia donde vaya. Paso por barro, ese embustero con textura acariciable, pero
que nunca te despojas de él, luego pasó por asfalto, tan frío, cínico y traidor.
El pasto aquel hijo tierno y húmedo olor que se seca producto de la
civilización, hasta que llego a tierra seca, que es como una señora sedienta de
amor que cobija a aquel hombre que me robo el interior.
Me mira nuevamente y me arrastra hasta una rueda de madera que gira y yo
solamente mirándolo a los ojos, logrando entrar en su alma, y ver el sufrimiento
negro teñido de colores para engañarse a sí mismo.
Mi mente se va con él y mi cuerpo se queda en aquel mundo de madera girando y
mi cuerpo gira con el viajando, navegando en el mar de dudas y doy vueltas y
estas vueltas de la vida cobran venganza, las personas que están en el fondo no
logro verlas se han ido, el sin fin de animales también.
Solo estamos él y yo en un solo instante, sigo con su mirada en mí, como si
penetrará en lo más profundo y me hiciera sentir llena, llena de sensaciones
nuevas e inesperadas. Veo sus ojos y un filo acercándose a gran y lenta velocidad,
mis manos y pies surgen cuatro serpientes que se acercan hasta el centro de mi
cuerpo, pero cuando están a punto de llegar siento el filo se introduce en la cálida
madera y se disipa por todo mí cuerpo.
Ahora el segundo lanzamiento lo espero con más ansias que el anterior, además
que sus ojos siguen en mí, en mis piernas, en mis manos, en mis pechos, es como
si me tocara con ellos con una dulzura distinta, disfrazada de rudeza, nunca
antes experimentada. Levanta su mano, la lleva sobre la nuca y lanza el segundo
cuchillo, que se introduce en ese fruto
del árbol cruelmente talado y transformado, pero esta vez a un costado de mi cintura y las
vibraciones llegan a mí, como a mil convirtiéndose en ansiedades de que el
siguiente tiro sea más abajo, ahora el miedo me lleva desear la muerte, quién
dijo que el miedo era malo , si ahora es una experiencia única , sensual ,
aterciopelada que me lleva a desear más sus ojos, que se fijan en mis suaves
piernas. Nuevamente levanta el brazo y su mirada se dirige ahí, donde anhelaba,
donde mi cuerpo le señalaba y comienzo a respirar más y cada vez más fuerte y
en el preciso momento que está penetrando el filo del cuchillo, por aquella
calidad y dura madera, una sensación de arena sube por mi ombligo, sigue por
los montes de mis pecho y llega hasta mi mente y grito y a la vez lloro, porque,
deseo haber muerto en el preciso instante en que esa sensación de éxtasis vivía
en mí en, de que mi interior era más grande que todo el universo que admiramos
y necesitaba morir con ella.
Caigo en un mundo oscuro veo pequeñas estrellas, caigo y caigo en la oscuridad
que no me pavoriza esta vez, si no que me da paz, calma y armonía. Quiero
volver a mirar esos ojos profundos, llenos de misterios y curiosidades que
quiero descubrir, pero no los encuentro. Entonces me quedo aquí, en estas seudo
murallas de plásticos de sin fin de colores para ocultar la miseria y tristeza
de estas personas, que buscan hacerse sonreír con animales tanto o más tristes
que ellos.
Introduzco mi mano en un aro y luego la otra en el otro, recuerdo cuando era
pequeña y el péndulo del ir y venir, hacia un remolino en mi estómago que se
disgregaba en sensaciones en todo mi cuerpo. Ahora doy vuelta el mundo y siento
una enorme presión en mi mente, pero esta no está en los pies ahora y mi mente,
son mis pies. Al no orientarme me
desespero, al no guiarme por algo, mi corazón se acelera y me espanto como si
el tiempo se detuviera y caigo nuevamente caigo y caigo hacia arriba o hacia
abajo, mejor estoy volando, la desorientación me da un ahogo mental y
espiritual. De nuevo me encuentro dividida en mil pedazos de dudas, lo único
que tengo claro es que me falta esa mirada, no sé por qué, es más fuerte que
mis brazos o piernas, solo me mueven esos ojos, ese par de ventanas que me
asignaban el norte. Ahora sé que solo soy el viento, que ya no existe arriba o
abajo solo el este y oeste. Que debo empujar todo lo que este delante de mí,
que debo arrebatar por la desesperación de no encontrar esa mirada, debo
levantar los mares, tierras, casas, lamentos, alegrías, justicia e injusticias
por esas ventanas de luz.
Entro por medio de las tablas de un camión y
él está ahí, pero no puede quedarme ahí la naturaleza es más fuerte que mi
lucha, observo muchos lugares, conozco cada día más parte de la realidad que me
rodea en este viaje sin fin, ya me resigne a no volver a dar con ese par de
luces oscuras que me quitaban el aliento.
Pero entro en un remolino y me lleva a ser agua, avanzo por las piedras esas
señoras sabias que llevan años en la tierra, algunas me cuentan sus secretos,
de su soledad, de la adversidad, de sus amenazas y victorias. Me he olvidado de
aquellos ojos, ahora estoy en un lago a pies de un cerro, lo recorrí de la
cabeza a los pies es amable, cariñoso, impetuoso después del tiempo vivido
juntos me da el agrado de estar en paz y suave como una seda es en este lago,
pero de nada sirve extraño esos ojos que me enriquecían que me hacían sentir
deseada.
El sol me lleva hacia arriba y viajo, viajo por las capas del cielo, me
encuentro con más personas como yo y nos unimos como cómplices de un ataque
terrorista y nos dejamos caer sobre la tierra a gran velocidad como unos
kamikazes erosionando cerros, laderas y llegando a los ríos yo llego a él pero
su piel me absorbe en un proceso de fusión que se traslapan multisensaciones a
la vez, tanto que no puedo percibir ni identificar cual es como si todas las
sensaciones existentes estuvieran en mí, desde que toco sus bellos hasta que
llego a su sangre él viaja por las venas,
este medio de transporte más antiguo que me está llevando a conocer un
sin fin de rincones humanos.
Él sabe que estoy con él, lo sé, en su interior está lleno de luces especiales,
llego a sus pies son pies cansados de que ha recorrido sin fin de lugares, paso
por sus piernas son piernas con mucha musculatura, como unas máquinas de la naturaleza
que son producto del sudor. Sigo por su
vientre una fuente de energía que me hacía sentir plena como que podía morir en
paz, en su pecho, vi su corazón que irradiaba un calor que me hacía sentir
protegida, al seguir subiendo llegue a sus ojos y trate de buscar que estaba
allí dentro, qué me atraía y no vi nada y en ese mismo instante descubrí…
Pero yo ya estaba
frente a él girando en la rueda y volvía a lanzar el primer cuchillo y las
personas gritaban ooohhhh asombradas…y se formaba un eco en mi mente y llegaba
el segundo filo y mi corazón se aceleraba y mi interior se alborotaba. En el último cuchillo que daba en mis
entrepiernas me hizo buscar su mirada, pero descubrí que estaba la mía y que yo
me reflejaba en él y justo en es ese instante comienza una revolución en mi
interior. Aquella, primera sensación de muerte en el júbilo, pero ahora lograba
fusionarme completamente con él y su mirada que ya no me inquietaba era paz. Ahora
si deseaba morir en ese mismo instante en que el último filo del cuchillo
atravesara mi piel y más que ese pedazo de madera.
Él sabe que quiero eso, me mira sube su cuchillo y lo lanza y yo grito...